En la actualidad, con el notorio auge de las conocidas redes sociales que todos utilizamos diariamente (Instagram, Youtube, Tik Tok…) se han desarrollado una serie de figuras públicas llamadas “influencers” o “youtubers”, dependiendo de la plataforma en la que se desarrolle su actividad, y en su mayoría suelen ser adolescentes o incluso niños y niñas. Los influencers o youtubers, grosso modo, son un conjunto de personas que, individual o grupalmente, llaman la atención de las personas y a través de videos, fotos y comentarios, por razones de carisma o liderazgo, acaban construyendo un público particular que les observa e interactúa con ellos.
Progresivamente, se les puede llegar a atribuir una popularidad que en ocasiones no está justificada, haciendo así que, personas sin ningún tipo de motivo, sean muy aclamadas y conocidas. Debido a esto, hay veces que nos encontramos con individuos con una gran influencia debido a la gran cantidad de seguidores que tienen, pero sin ser precisamente el mejor ejemplo a seguir, y esto afecta severamente a la infancia y a la adolescencia. En primer lugar, el fenómeno “influencer” se basa en una persona que influye a los demás, por lo que entendemos que lo mínimo al ser un individuo con tanto poder, es que sea lo suficientemente responsable y cuerdo como para ser consciente de la influencia que ostenta y tener cuidado con lo que comparte en redes, además de intentar transmitir un mensaje que procure siempre la salud mental, física, y social de sus seguidores.
Sin embargo, y por desgracia, esto no se cumple en todos los casos. Como he mencionado anteriormente, hay ocasiones en que estas figuras públicas no saben gestionar el impacto que tienen en las personas y no son plenamente sensatos a la hora de compartir todo tipo de material en las redes sociales. Este hecho hace que el público que les sigue y venera aprenda malas actitudes, comportamientos y conductas, siendo la gran mayoría chicos y chicas entre trece y diecisiete años, los cuales son profundamente influenciables y manipulables.
Por otro lado, la mala influencia no es algo general en redes, también hay usuarios famosos que defienden unos valores y formas de pensar y comportarse saludables y positivos para sus seguidores. Hay influencers que dan charlas y realizan actividades muy beneficiosas, como Ángela Mármol que publicó un libro acerca del acoso escolar o bullying, ya que ella lo sufrió en su misma piel y realizó charlas y talleres acerca de ello. Se podría decir que a la hora de influenciar las redes sociales son un arma de doble filo, es por eso que debemos ser cautos a la hora de decidir a quienes seguimos y a quienes no y como eso va a afectar a nuestra identidad y desarrollo personal.
Además de no ser siempre una buena influencia para la infancia y la adolescencia, también se convierten en un modelo de vida perfecta para las personas que los ven, ya que rara vez comparten la realidad tal y como es. Por norma general, los kid influencers o youtubers adolescentes reflejan en sus cuentas de las redes sociales una vida utópica e ideal. En ese momento provocan, de manera indirecta o directa, que su público compare su vida con la de ellos, la que supuestamente tienen y esto puede repercutir de manera muy negativa en la visión que tienen sus seguidores de sus propias vivencias. Tenemos que ser conscientes de que tener imperfecciones, problemas y malas situaciones es parte de una existencia realista en la que nos encontramos todos y que esas personas que presumen de viajes, fiestas y productos gratis, exponen una forma de vida que sencillamente no existe ni existirá. Hay veces que esto no es así, no entendemos que nuestra vida es tan válida como la de otras personas y esto puede generar tristeza, malestar e incluso depresión y ansiedad, y en los casos más extremos incluso el suicidio.
Así mismo, estas figuras públicas tan jóvenes, además de subir su propio contenido a las redes, muchos de ellos se dedican a proporcionar publicidad y propaganda de diferentes marcas, algunas bastante caras. Las consecuencias de estas manifestaciones en redes, es que son muchas personas las que los ven y de esta manera ayudan a crear pseudo necesidades que en realidad no son imprescindibles. Así se mueve el capitalismo en este sector y de esta manera también se producen desigualdades por parte de esos chicos o chicas que no puedan permitirse tal clase de productos, ya que no son accesibles para todo el mundo.
No solo sufre el público, los kid influencers o youtubers adolescentes no dejan de ser personas jóvenes y en algunos casos, vulnerables y sensibles, expuestos a numerosos comentarios y opiniones que no siempre son agradables, lo cual también repercute en su salud tanto mental como física.
Por las razones expuestas y por muchas más, el Trabajo Social tiene una importante función con respecto a las redes sociales y los kid influencers y los youtubers adolescentes. Para ello, en un principio considero importante la educación y la orientación a través de las redes, y así evitar que haya más probabilidades de que se aprendan estilos de conducta perjudiciales; a su vez debería de establecerse un evaluador de contenido en las distintas aplicaciones para filtrar y controlar la información que se comparte de manera pública.
Podemos incluir también una serie de talleres o “clases” que les proporcionen a estos jóvenes tan populares una buena formación para saber manejar las aplicaciones en las que tan famosos son para hacer un buen uso de su influencia.
En segundo lugar, un buen punto de enfoque sería el fomento de la autoestima y la concienciación de una visión realista y valorada de la vida para saber reconocer cuando nos están vendiendo una fachada y, así, poder apreciar mejor lo que tenemos y no sucumbir a los engaños publicitarios y promover un panorama más sincero e igualitario.